Hemos cambiado el querer compartir por el querer diferenciarnos

Abr 1, 2016 | 0 Comentarios

Estamos diseñados “de serie” para vivir relacionándonos somos seres sociales. Desde tiempos remotos los individuos hemos vivido en sociedad ; para poder sobrevivir a los peligros que nos rodeaban y por la necesidad de relacionarnos emocionalmente con nuestros semejantes (amistad, amor, comunicación…).

Integrarse en una sociedad es muy complicado, ya que estamos tan acomodados en nuestro entorno que, al ver novedades y nuevas costumbres, nos preocupan. Cualquier cambio que pone en duda nuestros valores intentamos evitarlo lo mejor que podemos. Esto es debido al miedo y a la inseguridad, y en muchos otros casos, a los prejuicios infundados por esta comunidad. Aceptar a los recién llegados es difícil y más cuando son numerosos y no se entienden como una aportación sino como una “invasión”.

“Pocos” es exótico, ”muchos” son miedo y por ello hay rechazo.

Años atrás no se vivía con tanto egoísmo, las personas se ayudaban entre ellas sin buscar ningún favor a cambio. Cuando un individuo estaba en peligro recurría a otros para que le ayudaran. Sin embargo, la Humanidad a lo largo de la evolución se ha empeñado e insistido en convertirnos en seres individualistas, hemos ido perdiendo la idea de compartir, por el querer diferenciarnos.

“Privilegiamos nuestras acciones y logros individuales en vez de acciones y logros colectivos. Y para obtenerlos, nos centramos en ser diferentes y en nosotros mismos”, dice Unanue, quien publicó el estudio “Materialismo y felicidad en el Reino Unido y Chile”.

Quisiera compartir en este artículo unas imágenes, de esas que nos regala la naturaleza como ejemplos del trabajo en equipo entre animales. Ellos protagonizan campañas publicitarias, películas, dibujos animados; los usamos como logo de coches, marcas de ropa. Los animales nos inspiran por sus cualidades físicas. Pero ¿y si también pudieran darnos lecciones acerca de cómo mejorar nuestras habilidades sociales en la vida personal y en el trabajo?

La naturaleza es el mayor ejemplo de la eficiencia. No hace nada sin un objetivo, ni desperdicia recursos, esto ha ocurrido desde hace millones de años y ha sido perfeccionado gracias a la experiencia. Es por ello que el hombre en la antigüedad contemplaba la naturaleza para hallar soluciones a sus problemas y trataba de emularla. Es más, desde hace un par de décadas existe la biomimética, que estudia los modelos naturales y copia sus procesos para resolver problemas en ámbitos como la medicina, arquitectura o ingeniería.

Trabajar en equipo puede ser un drama y una fuente de conflictos a no ser que estudiemos las fórmulas que nos propone la naturaleza que ejemplifica el trabajo en equipo.

Trabajo en equipo. Para que funcione se necesita una serie de ingredientes:

Valoración y Motivación: es vital que cada miembro del grupo desempeñe una labor que sea reconocida y valorada por los demás miembros, pero, además, esta actividad debe ser satisfactoria para él mismo. Estas dos características, valoración de los demás y autovaloración, se convierten en el mejor factor motivacional de los individuos específicamente y del equipo en general.

En la naturaleza hay muchos ejemplos de animales sociales, como  los elefantes, los primates o los insectos. De hecho, las hormigas son uno de los mejores ejemplos de trabajo en equipo. Cada una de ellas se mueve teniendo en cuenta a su compañera de al lado; saben cuál es su misión.

Los lobos son otro ejemplo de trabajo cooperativo. De hecho, en contra de los tópicos que rodean a estos animales, destacan por su solidaridad. Tienen un profundo sentimiento de pertenencia a la manada.

También en una empresa, es esencial para que el equipo funcione, que sus miembros sepan realizar una labor juntos, de manera interdependiente, y que se sientan satisfechos de pertenecer a ese grupo.

Confianza y Empatía: si bien los miembros no tienen que ser amigos íntimos, sí es importante que entre ellos exista una buena relación de trabajo y que cada uno confíe en el trabajo de los demás. Cada miembro debe estar seguro de lo que hace él mismo y de lo que hacen los demás, además debe entender la importancia de su propio trabajo y de la función general del grupo.

Lo más difícil a la hora de gestionar grupos de personas son las emociones. Antes se creía que para ser un buen jefe bastaba con saber mucho del negocio. No obstante, ahora sabemos, gracias al avance de las técnicas de neuroimagen cerebral, que las emociones desempeñan un papel fundamental; influyen en todas nuestras actividades. Por lo que además de formarnos también debemos trabajar nuestras habilidades sociales.

Uno de los objetivos del jefe debe ser el de tener trabajadores satisfechos y felices. Para ello, debe apoyar a los trabajadores, enseñarles a cómo llegar a los objetivos perseguidos y a mantener con ellos una comunicación constante, gestionando su proceso de aprendizaje.

Los gorilas son otro buen ejemplo de liderazgo. Es el que guía, protege, enseña, desarrolla y cuida la supervivencia del grupo por encima del individuo.

Comunicación y Compromiso: cada elemento de una organización tiene una función que se mezcla con la de los demás y la fusión de todas lleva a la consecución de los objetivos empresariales. Al conformar un equipo de trabajo hay que asegurarse de que existan suficientes canales de comunicación que permitan a todos los miembros conocer los objetivos generales que guían su trabajo, además se debe contar con el compromiso de cada miembro para conseguir los objetivos del grupo y de la organización en general.

Enrique de Mora extrae el ejemplo de las abejas melíferas. Estos insectos ejecutan una danza mediante la cual explican con suma precisión dónde hay alimentos, a qué distancia están y en qué dirección. ” En las empresas deberíamos aprender de ellas y en los asuntos importantes practicar una comunicación clara, precisa con un mensaje enfocado y desprovisto de efectismos”, considera De Mora.

Debemos estar dispuestos a que los compañeros, el jefe, el resto del equipo evalúen nuestro trabajo y nuestra gestión para que podamos mejorar. Es una forma de incrementar incluso el compromiso y la motivación de los demás. Eso sí, deben ser comentarios constructivos, sino es mejor no hacerlos…

Evitar los conflictos no es siempre la mejor solución.

Es típico que queremos evitar los malentendidos entre compañeros, un amigo, la pareja o el jefe. Pues bien, para los animales los conflictos forman parte de la vida y, por lo tanto, se lo toman como algo normal. Surgen cuando los intereses de dos partes no coinciden.  Usemos de los animales sus métodos de reconciliación para poner en práctica en la oficina. Ellos resuelven el conflicto al instante, no se enquistan en ellos, y los arrastran durante tiempo, como hacemos los humanos.

No se trata de evitar los conflictos sino impedir su poder destructivo. Una confrontación puede tener partes positivas y bien resueltas, pueden mejorar la unión y el funcionamiento del equipo. Al obligar a las partes a encontrar medios adecuados para resolver el problema, fomentamos el sentimiento grupal, configurando un incipiente equipo.

Aprendamos a ver los problemas que nos propone la vida, como oportunidades para seguir creciendo. Cuando percibamos a nuestro compañero como una parte más de nosotros que puede ayudarnos a resolver los problemas más allá de mostrar nuestras debilidades; solo entonces creceremos como personas y como profesionales.

En ese instante comenzaremos a entender esa maravillosa herramienta que desde el inicio del mundo maneja la naturaleza: LOS EQUIPOS.

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